Año Nuevo, vida nueva… si por algo se caracteriza el 1 de enero es por la avalancha de buenos propósitos, promesas y matriculaciones en gimnasios. ¿Por qué cada año nos proponemos metas?
Desde el punto de vista psicológico, el año nuevo es un escenario natural para un nuevo comienzo, funciona como un gatillo psicológico que despierta en nosotros las ganas de cambiar. Algunas investigaciones de lo que se llama “Nuevo comienzo” o “Fresh Start Effect” muestran que, aunque el calendario no cambia nuestra vida, sí cambia cómo nuestro cerebro interpreta la posibilidad de cambiar, lo que hace que los propósitos sean algo lógico.
El cambio de año crea una frontera mental entre mi yo pasado y mi yo futuro, nos desligan de errores pasados y aumentan nuestra motivación para el cambio.
Perfecto, justificación completamente lógica. Entonces… ¿por qué fallan? ¿Por qué estamos un año más sin aprender inglés o ponernos en forma tal y como nos prometimos en la decimosegunda uva?
Pues porque el problema no es proponernos nuevos hábitos, sino cómo los formulamos. Si nos basamos únicamente en voluntad, motivación emocional o la idealización de ese “nuevo yo”, nos asomamos al abismo. Para proponernos y cumplir, nos tenemos que basar en los cuatro pilares del Nuevo Comienzo:
- Identidad futura clara. Tenemos que sentirnos identificados, o lo que es lo mismo, el cambio supone una nueva identidad para nosotros. Nuestro cerebro protege la coherencia interna, mucho más que los objetivos ambiciosos. La investigación nos muestra que los comportamientos se mantienen cuando están alineados con la autoidentidad.
Si formulamos el propósito como conducta, el esfuerzo lo percibe como un esfuerzo. En cambio, si lo formulamos como nueva identidad, el cerebro percibe las nuevas conductas como consistencia.
En lugar de “voy a hacer…” debemos plantear en qué persona nos vamos a convertir “estoy construyendo una versión de mi qué…/ actúo como alguien que…” - Significado personal. No es el qué, sino para qué queremos cambiar. En lugar de “quiero hacer deporte” vamos a cambiarlo por “quiero sentirme más fuerte y ganar confianza”, dándole sentido a nuestro propósito. Teniendo un propósito con significado, nuestro cerebro es capaz de tolerar la fricción. En ausencia del mismo, nuestro cerebro busca alivio inmediato. Tenemos que encontrar ese “para qué” merece la pena soportar la incomodidad que supone el cambio, será el combustible a largo plazo.
- Acción mínima coherente. El cerebro no cambia por ambición, cambia gracias a la neuroplasticidad. Necesitamos pequeñas victorias diarias, o lo que es lo mismo, nuestro cerebro aprende por experiencia repetida de éxito.
Los objetivos demasiado grandes acaban por abrumarnos y generan evitación, en cambio si aplicamos pequeños cambios de manera diaria, generamos coherencia . Esta repetición viable será la que marque nuestro cambio de identidad.
Busca la coherencia diaria.
La neuroplasticidad se activa cuando la acción es concreta, cuando es viable en los días malos y cuando refuerza la identidad que hemos elegido.
Por ejemplo, no es viable plantearnos meditar 30 minutos al día, en cambio podemos crear una pauta de sentarnos 3 minutos cada mañana y, con la creación del hábito, ir aumentando el tiempo de dedicación a la actividad. Es evidente que 3 minutos no cambiaran tu cuerpo o, pero sí cambiará tu auto imagen y esa es la clave.
Para saber si estás formulando la acción mínima coherente, es importante que: sea medible, sea ridículamente posible y que sea repetidle aún cuando no tengas motivación. - Estructura de apoyo. La ciencia nos dice que la fuerza de voluntad es limitada y volátil, pero los entornos no.Los cambios duraderos se apoyan en el compromiso social, el diseño del entorno y los recordatorios identitarios, o lo que es lo mismo.
Nos ayudará que compartamos nuestro propósito con alguien, que creemos rituales y que podamos seguir de manera visible nuestro cumplimiento (check list, agenda, evolución visual…)
Una vez tengamos claros y definidos siguiendo los 4 pilares nuestros propósitos, debemos prepararnos para lo que vendrá.
Enero es crítico, pero contamos con alta motivación. Febrero será el mes decisivo porque aparecerá el cansancio y nuestro cerebro pedirá volver a lo conocido, a nuestro yo del pasado. Cómo interpretemos qué nos ocurre en febrero marcará la diferencia:
- Quien interprete cualquier tropiezo como una señal de incapacidad, no consolidará los nuevos hábitos.
- Quien interprete como dato y no como juicio el tropiezo o cansancio, será capaz de integrar el Nuevo Comienzo.
Tan fácil y tan difícil como tomar la decisión de quién quieres seguir siendo.
¡Feliz 2026!